-Esa música me produce una profunda melancolía, por que creo que fue la última vez que tu y yo estuvimos bien cuando recién fuimos al teatro a escucharlo, cuando aún; totalmente plenos; estábamos en la cima de el mundo; luego y sin aviso; caímos precipitadamente, al unísono, por las mismas razones, pero cada quién en su abismo; y cuando quise asirme de ti; al terminar de caer; estabas lejos, y yo aún mas lejos que tu. Lloré, por que era casi amor ahora, y antes lo dispusimos eterno, etéreo, infinito.
Ahora escuche "Entre remolinos" y se me estremeció el alma, la melancolía me subió por las piernas, y como un humo negro-cafesino, fue espeso, invadiendo la habitación, y recordé cada una de las cosas que nos dijimos cuando por horas guardábamos silencios, las terribles miradas lanzadas cuando ni siquiera nos veíamos, los golpes terribles de cada una de las caricias que no nos dimos! -
Apura un trago mas de ron mientras habla con una silla vacía pero colocada frente a él tras la mesa, como si en ella se sentara alguien; indiferente. La casa a media luz y llena de invisibles, arremolinada por el dolor y la caída de quien insistía en hablar con una silla. En este caso, el olor a ron es fuerte y se penetra en la madera, el humo de el cigarrillo aún mas, y él lo llama "melancolía". Una lágrima cae dentro de el vaso, y perturbado y confundido piensa que se ha servido mas licor, mientras medita que es mejor tomar hasta la inconsciencia; aunque no logra olvidarla y continua hablándole, amándola, le dice poemas, o simplemente le conversa lo efímero de el día, finalmente él ha entendido, que si deja de hablarle se irá, se irá para siempre y se llevará la pancita, se llevara el amor, su sonrisa, sus ojos, sus labios, su pelo, su piel, y ella sentada se observa el vientre, él la ve, el la huele, pero no la toca, ella no lo mira, esta inmóvil tal y como la recuerda de esa misma noche antes de salir al trabajo para no volverlos a ver nunca mas, y no se hablan, lo cual es normal; así son los invisibles; mientras él sabe y entiende, y no se calla!; que los fantasmas pueden amarrase a una silla con palabras y con lágrimas.



