jueves, abril 17, 2008

Pasajero.


Elena era una mujer independiente. Se mudo a esa zona montañosa buscando escapar de su fuerte ritmo de trabajo de cada día; conducir por las curvas de la montaña – precipicio cada mañana era para ella una especie de catarsis, hasta que las cosas empezaron a ir mal en su empresa; entonces el camino extenso de cerca de una hora cada mañana y cada noche se le había vuelto mas bien un martirio, y cada vez el camino se hacía mas pesado, y mas largo.

En un principio, la compañía de él en el asiento de pasajeros le había servido para tomar algunas decisiones, carentes de alma; empresariales pensaba ella; para él un dictado como de conciencia de negocios, que daba gozoso, en un tono de victoria sabiendo que Elena las seguiría al pie de la letra; ahora, siéndole molestas, trataba cada vez de hacerlas callar poniendo la radio, pero él continuaba hablándole, y ella escuchando, la radio resultaba un ruido lejano, y el camino por la montaña, un espejismo que sabía inconscientemente de memoria.

La noche anterior, la mala noticia de sus malas decisiones fue mayor que lo que su estilo frío y calculador pudieron haber previsto y lloró toda la noche, sin dormir, ese día el camino era mucho mas extenso y tedioso, la radio mas lejana, y su voz retumbaba aún mas en sus oídos.

El reía victorioso, a sabiendas de lo que estaba logrando, ella se ofuscaba y enredaba mas en pensamientos inconformes, sabía que al llegar a la oficina las malas noticias de ayer serían reafirmadas, y con toda la noche de pensar no había encontrado solución alguna, solo esperaba lo peor, y él que le dice una y otra vez lo fracasada que es, lo mal que la va a pasar de ahora en adelante, el fin de su estilo de vida a menos que le importará a alguien, pero con los antecedentes que tenía de novios que solo se la cogían sin quererla y lo apartada que estaba de su familia, y con la lista de enemistades que tenía incluso haciendo fila, sería realmente terrible verse en esos problemas y sin nadie que le ayude, a menos que un abogado pagado la defendiera, y ya ni siquiera para eso tendría dinero. Era una mujer hermosa, pero nadie se metería en camisa de once varas solo por sexo, le repetía una y otra vez, ella entre el radio y el camino trataba de ahogar la voz perversa de aquel que desde el asiento de pasajeros le molestaba, conforme se acercaba a aquella famosa curva de la muerte, y él que guarda silencio para reírse, para disfrutarlo, y ella que frustrada y llena de enojo, cierra los ojos, aprieta los dientes, y suelta el volante.

lunes, abril 07, 2008

P.D. nuestro gato esta muerto.



Nuestro gato murió ayer durante la cena, dio un maullido extraño y murió, yo no pude, por mas que me contuve, evitar mirarte extrañado por aquello, mientras tu, con una tranquilidad pasmosa y saboreando un nuevo bocado de el asado decías "oh que bien! como molestaba ese gato!"

No pude cenar, me fui al patio trasero y bajo una lluvia terrible y conforme terminaba de oscurecer, cave lo mas profundo que pude y allí termino nuestro amado gato, sepultado bajo el árbol aquel donde por vez primera nos besamos, cuando esa todavía era la casa de tus padres, aquella noche de brujas y duendes en que la noche nos encontró tan solos como su luna, y no pudimos entonces evitar enamorarnos de golpe.

-"Te acuerdas cuando nos amábamos?!"- te pregunte al entrar empapado y lleno de barro a la cocina, donde tu terminabas de botar las sobras de mi plato y las de el gato que ahora estaba muerto bajo el árbol; me volviste a ver y con ese modo de patanería y superioridad que tanto odiaba en ti me respondiste casi sin mirarme -"si, pero eramos jóvenes, nadie podrá nunca culparnos por eso"-

Y es que con el pasar de los años se nos fue haciendo imposible mirarnos a la cara y amarnos, sin con cada gesto y con cada mirada recordarlo a él, ese niño que era tal como el niño de Bennedetti; que era para nosotros nuestro amor que no era mas que un niño muerto; lo extraño es que el libro de Bennedetti nunca dejo de estar en tu mesita de noche, aunque el amor si dejo de estar en nuestra cama.

Esa noche extrañe en demasía al gato que yacía muerto bajo el árbol donde nos enamoramos, llovía y con mucha mas razón lo extrañe en mi regazo mientras fumaba y veía televisión, tu en cambio te divertías con tu cabello y la plancha frente a la coqueta que te regale durante el embarazo, yo entonces viéndote tan "como siempre" y yo tan solo, decidí irme a dormir, de todas formas, y como cada noche hace 7 años en que nuestro hijo murió, no había nada bueno que ver en la televisión, tu asustada te apuraste y pronto sentí tu sombra acostarse junto a la mía, por que eso eramos desde entonces, dos sombras en una cama, paralizadas e incapaces de acercarse, paralelas, cada quién llorando hacía su orilla de la cama.

Y así pasaron los días, los meses los años, 7 años en total, y sin más que hacer decidí con las ideas crearme un mundo para sobrevivir, tu por tu lado adoptaste la monotonía como compañía, y nos quedamos solos y el árbol donde nos enamoramos.

La guerra llego en la noche, como un ladrón, y yo demostrando que no son solo los jóvenes quienes mueren en las revoluciones, me deje arrastrar por el ideal de la contra, por que los de la derecha no bajamos de la montaña, morí a la hora de la cena en una calle del centro, enfrentado con estudiantes y guerrillas.

Esa misma noche desenterraste a nuestro gato, justo debajo de el árbol donde nos enamoramos lo encontraste, y entonces me recordaste, mas allá de nuestro hijo muerto, sin tener que ver mi cara para recordártelo, con mi muerte como escusa para olvidarlo, y volviste a amarme, y volviste a extrañarme, y esa noche me escribiste esta carta cuyo posdata concluye, que nuestro gato esta muerto, igual que tu, que moriste mañana durante la cena, y solo observo al camión militar alejarse, y te espero, bajo de el árbol aquel donde nos enamoramos, cuando esta casa aún era de tus padres, y espero que la soledad de esta noche, y este niño muerto que al fin sostengo en mis brazos puedan de nuevo, enamorarnos de golpe, allá los vivos con sus guerras.

domingo, marzo 30, 2008

Vientre silencio.


Se abrió paso entre los curiosos y los rescatistas.
El cuerpo de su hija en la playa, el pueblo de pescadores alrededor, observando, la niña-mujer aún mujer dejando de ser niña; el responsable; perdido en la noche en el mar, mas eso que importa a la madre; hace ya 21 años su esposo fue tragado por la noche, eso importa poco; su bebé en silencio tiene lágrimas y agua salada secas en su cara, y ni una palabra, la necesita, tiene frío, esta fría, está helada, la playa; hiela el mar esta noche, el pueblo mirá, los pescadores en sus lanchas, en la noche, en la solidaridad salen a buscar al asesino, como 21 años antes a un padre que nunca regreso.
Es su niña, su bebé, quién yace silenciosa, en posición fetal, como vino al mundo, en un ritual silencioso callada; no quiso llorar aún después de la nalgada del médico; igualmente como nunca lloró ante los golpes del canalla en fuga, de la misma manera en que jamás dijo nada a nadie, sobre lo que ya todos sabían esa noche, mientras la misma madre que 21 años antes lloraba de alegría; lloraba esta noche apretando a su hija muerta contra ella, como queriendo devolverla; sin sentido ya; a la seguridad de su vientre, tal y como vino; en un ritual silencioso, mientras maldecía todas las veces que le dijo “mi amor... las mujeres nunca dicen nada, aguantan calladas.” El mar ruge, el pueblo de pescadores observa en silencio , madre e hija, la vida, la muerte, y un hombre perdido en el mar.

lunes, marzo 24, 2008

Vestida para la ocasión.



-La alka seltser es espantosa! y la gastritis terrible! Pero bueno, ya se me esta quitando el frío sabes? -

-Tengo miedo, no puedo negártelo, me siento inquieto. Pronto los llamaré para que vengan; quieres que te peine?, espera, te pintaré las uñas además, déjame ponerte el vestido negro de seda que tanto te gusta, te ves preciosa en él-

-No soy bueno con el maquillaje, además, no necesitas mucho, eres hermosa, tan quieta, tan callada, permíteme acomodarte en la cama, duermes tan plácidamente! Abro los ojos, casi me quedo dormido contigo.-


-Ya los llamé, no tardan en llegar, déjame arreglarme un poco, tengo que cambiarme esta camisa ensangrentada, cuando lleguen los policías me entregaré, entonces podrás dormir tranquila, no te preocupes, te ves tan linda como siempre, tal vez ni noten nuestra pelea...- se decía al espejo el hombre transvertido pálido y temblando, con un fuerte sangrado en la entrepierna.

domingo, marzo 09, 2008

Atardecer empedrado.



Contra toda lógica y razón, Alexander salió de la casa sabiendo, que la gente de el pueblo lo buscaba desde hace días para vengarse, pero el atardecer era majestuoso! Las nubes como piedras delineadas hacía la línea donde el sol se escondía, cual dibujo y trazos de artista, los últimos rayos cayendo sobre la fachada destruida de la casa, y sobre su cara; cerró los ojos para sentir la brisa y el sol, sobre sus cabellos y su torso desnudo recién aseado y fresco, contra toda alerta de quién se esconde, contra toda precaución; se dejo ver; pero no le importo, tomo los gritos y maldiciones de quienes venían contra él como si fueran el viento, y con los ojos cerrados aún por su éxtasis, ignoró amenazas, maldiciones y acusaciones de los que se arremolinaron frente a la cuartearía abandonada con rabia y violencia.
Abrió los ojos y en cambio miro ese mismo cielo años atrás hasta su niñez olvidada, su delirio infantil reservado al silencio de su mundo hostil y violento, con la brisa los olores de la cocina de su abuela, con el sol las tardes entre potreros, el cielo estrellado su infinita inocencia atrapada bajo el hombre y el criminal en el que se había convertido, admirado reconoció por ultima vez el dolor antes de perderse de nuevo en el cielo arte que atardecía empedrado, la gente de el pueblo no tuvo problema en volver ladrillos sus odios y frustraciones, Alexander atardeció bajo la lluvia empedrada de venganzas, el cielo empedrado se hizo noche y desapareció con su ultima mirada, siempre hacia las nubes.