
Ya antes fuimos libres, por eso nos duelen las cadenas, los grilletes, los muros, los prejuicios; por eso recuperaremos el cielo ardiente, sus nubes quemadas y su aire tóxico, levantaremos de nuevo las montañas leves y verdes de las cenizas y basureros; no habrá misericordia hacía ellos, ni sus mujeres ni sus niños, ni los no nacidos por que ahora somos libres, por que ya no estamos bajo su zapato, por que ya no importa nada mas.
Nos volvimos animales mecánicos.
Día a día, y justo; como en una película de ciencia ficción, las máquinas nos fueron dominando, no por la guerra, no por la fuerza, simplemente limitaron nuestra libertad a unas teclas, a una pantalla, cada vez mas chica y mas chica, la gente dejó de verse a la cara pues siempre tenía la vista fija a algún dispositivo móvil, moderno, con interfaces y conexiones mas rápidas y efectivas que las de la conversación humana, el intercambio de caricias, una sonrisa, una mirada.
Entonces llenamos las paredes de mariposas disecadas.
Dios no estaba allí ni en ninguna otra parte, aunque algunos hablaron de él, pasaron desapercibidos; además nadie lo programó jamás, ni se hicieron oraciones virtuales; llenamos de muros la mirada y la gente colgó pixeles y bytes en ellos, como insectos sobre estéreofon sostenidos con un alfiler en medio, y nos conformamos con eso, por que la luz de los monitores nos atrajo como polillas a los fluorescentes, y apagamos las luces y nos quedamos a oscuras para ver mejor.
Siempre que miro televisión pasa algo malo, he de ser un ave de mal agüero.
Vi en vivo la explosión del Challenger y al Columbia volver a la tierra envuelto en fuego, vi coronarse a aquel dictador que asesino a tantos en su pueblo, vi caer Down Jones una y otra vez, aviones estrellarse contra edificios con gente, asesinatos en vivo, suicidios y pánico en las calles, por eso decidí apagar el televisor, para que no pase nada malo.
Entonces nacieron las redes sociales.
Tuvimos sexo en línea, chateamos, homogenizamos, nos reunimos, mentimos y reinventamos, elecciones virtuales, virus, vacunas, cursos y trabajos, miedos, retratos, literatura! Nicknames! Arrobas, aventuras, juegos, second life y enciclopedias, blogs y foros para ser humanos; recorrimos el mundo y bajamos discos, pagados, pirateados, consentidos, fuimos al cine, compramos entradas; dinero virtual, cuentas en china, video conferencias, eventos masivos con la taquilla sin vender, un día decidimos no salir nunca mas a la calle, todo era tan cercano como nuestra velocidad de conexión, todo a un clic de distancia, y el mundo quedó desierto, obsoleto, fuera de línea, fuera de la red, facebook, hi5, twitter, y ese gigantesco google y casas sin puertas ni ventanas, un modem era el centro de todo.
La muerte era solo una conexión menos.
Y tuvimos hijos virtuales, aprendimos a criarlos como tamagutchies con una sola vida, no recuerdo haber escuchado un solo llanto, o una sola risa de un niño en muchos años, y un día finalmente extrañamos el sol, el mismo día en que ya no hubieron mas poetas, el mismo día en que nos dimos cuenta de que éramos esclavos, que mientras socializamos, el mundo se fue apagando y que la red un día se caería, dejándonos ufanos, moribundos, abandonados; que tendríamos que levantarnos de la silla y apagar los monitores.
Ese día llegó.
Salimos a las calles llenas de recién levantados, y el mundo muerto y quemado nos recibió como un último golpe de realidad. Algunos se desconectaron tan solo, a los demás los matamos nosotros, sus mujeres, sus niños, los no nacidos, y sin reparos de eternidades, nos levantamos a reconquistar un mundo que se negaba a ser virtual, como el alma.
Sucedió, el mundo no esta escrito en binario.
